La morosidad sigue creciendo. ¿Está preparada tu Pyme?
Para muchas pymes, vender no siempre significa tener liquidez inmediata. Cuando una factura no se paga a tiempo, el impacto se siente rápido: se tensiona el flujo de caja, se retrasan pagos a proveedores, se dificulta la planificación y, en algunos casos, se vuelve necesario recurrir a financiamiento externo para sostener la operación.
En Valor Pyme sabemos que las facturas impagas son uno de los desafíos más frecuentes para las pequeñas y medianas empresas. Por eso, junto a nuestro partner estratégico CobranzaOnline, revisamos los principales resultados del informe anual “Cómo está la cosa 2025”, elaborado por CobranzaOnline.com, Sheriff y Duemint, que analiza la morosidad y el comportamiento de pago entre empresas en Chile.
Los datos muestran un deterioro en los hábitos de pago entre empresas, aunque también entregan señales importantes sobre cómo actuar a tiempo para reducir el riesgo de incobrabilidad.
Los atrasos en pagos aumentaron un 15%
Uno de los principales hallazgos del informe es que la demora promedio para cobrar una factura aumentó de 18,65 días en 2024 a 21,54 días en 2025, lo que representa un incremento del 15%.
Además, solo 4 de cada 10 facturas se pagan dentro del plazo legal de 30 días. Esto significa que el 60% de las facturas se paga con retraso, afectando directamente la capacidad de las empresas para ordenar su flujo de caja y cumplir con sus propios compromisos financieros.
Para una pyme, este retraso no es menor. Cada día adicional de espera puede afectar decisiones clave como pagar sueldos, reponer inventario, invertir en crecimiento o cumplir con proveedores.
La morosidad severa también se agravó
El informe también muestra un aumento en las facturas con más de 90 días de atraso, que pasaron de 20,67% a 28,39%.
En el caso de las microempresas, la situación es aún más desafiante: la morosidad severa alcanza el 41,4%, multiplicando el riesgo de que una deuda termine siendo incobrable.
Este punto es especialmente relevante porque, mientras más tiempo pasa sin gestionar una deuda, más difícil se vuelve recuperarla. Por eso, contar con un proceso de cobranza ordenado desde etapas tempranas puede marcar una gran diferencia.
Las quiebras se estabilizaron, pero siguen las señales de alerta
Después de una fuerte caída del 37,1% en 2024, las quiebras se estabilizaron durante 2025. Sin embargo, el informe advierte que la mayoría de los procedimientos siguen terminando en cierres definitivos.
El 94,19% de los procedimientos corresponde a liquidaciones, mientras que solo el 5,81% corresponde a reorganizaciones. Esto muestra que muchas empresas llegan a una etapa crítica sin posibilidades reales de reestructurar su operación.
Los sectores más afectados son:
- - Comercio: 21,74%
- - Construcción: 19,17%
- - Industria Manufacturera: 12,95%
También destaca el aumento en el sector de Servicios Administrativos y de Apoyo, que pasó de representar un 1,1% a un 5,9% de las quiebras.
Casi todas las empresas enfrentan clientes morosos
Uno de los datos más relevantes del informe es que el 95,7% de las compañías enfrenta morosidad. Es decir, prácticamente todas las empresas han tenido que lidiar con clientes que no pagan a tiempo.
Además, el 60% reconoce que esta situación pone en riesgo su continuidad o las obliga a recurrir a financiamiento externo.
Esto confirma que la morosidad no es un problema aislado ni exclusivo de ciertos sectores. Es una realidad transversal que puede afectar la estabilidad, operación y crecimiento de cualquier negocio.
Actuar temprano puede mejorar las posibilidades de pago
A pesar del escenario, el informe también entrega una señal positiva: la publicación en boletines y registros de morosos sigue siendo una de las herramientas más efectivas para acelerar el pago.
¿Por qué funciona? Porque hace visible una deuda que antes podía pasar desapercibida para el mercado. Esto puede impactar la evaluación crediticia, el acceso a financiamiento y futuras decisiones comerciales de la empresa deudora.
El momento en que se realiza esta gestión también es clave. Según el informe, cuando la publicación se realiza en etapas tempranas de la mora, la probabilidad de pago aumenta de forma importante.
En 2025, la tasa de pago alcanza un 66% durante el primer mes de mora, pero baja a 26% a los seis meses. Desde ese punto en adelante, la probabilidad de recuperación cae de manera sostenida.
¿Cómo disminuir el riesgo y ordenar la cobranza?
Para reducir el impacto de la morosidad, no basta con reaccionar cuando la deuda ya es antigua. Lo más efectivo es contar con un proceso de cobranza claro, preventivo y progresivo.
Un proceso óptimo puede considerar cuatro etapas:
1. Análisis de riesgo
Antes de emitir una factura o cerrar una venta a crédito, es importante evaluar el comportamiento comercial y financiero del cliente. Esto permite tomar decisiones más informadas y reducir el riesgo desde el inicio.
2. Cobranza preventiva
Desde la fecha de facturación hasta el vencimiento, se pueden realizar acciones simples pero efectivas: recordatorios de pago, opciones de pago en línea y conciliación bancaria automática.
Esta etapa ayuda a evitar retrasos por olvido, desorden administrativo o falta de seguimiento.
3. Cobranza extrajudicial
Cuando la deuda supera los 30 días de vencimiento, se pueden activar acciones como notificaciones formales, publicación en boletines comerciales, convenios de pago y procesos de mediación.
El objetivo es recuperar la deuda antes de que escale a una instancia más compleja.
4. Cobranza judicial
Cuando una deuda supera los 90 días y no existe respuesta o acuerdo, la cobranza judicial puede convertirse en el último recurso. Esta etapa puede incluir demanda, embargo y remate de bienes, según corresponda.
Por eso, mientras antes se actúe, mayores son las posibilidades de evitar llegar a este punto.
Cobrar a tiempo también es cuidar la continuidad del negocio
La morosidad no solo afecta las finanzas de una empresa. También puede limitar su capacidad de crecer, invertir, contratar, pagar a tiempo y tomar mejores decisiones.
Por eso, contar con procesos de cobranza más ordenados no debe verse solo como una acción administrativa, sino como una forma de proteger la salud financiera del negocio.
En Valor Pyme creemos que emprender también implica aprender a anticiparse, ordenar la gestión y apoyarse en soluciones que ayuden a tomar mejores decisiones. Porque cuando una pyme mejora su capacidad de cobrar a tiempo, también fortalece su camino de crecimiento.

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